La escasez de efectivo

Por Damián Genatios
Problema menor, problema mayor, según se interprete o se insista, pero sin ninguna duda de múltiples interrelaciones. Le escuché alguna vez decir al Prof. Bernardo Ferrán “la moneda lo es todo”. Carlos Marx llegó a expresar alguna vez que, el dinero es “la potencia de las potencias”. De cualquier manera, al no haber efectivo en las sociedades modernas el juego económico se pone difícil, a pesar de los avances en el manejo del tradicionalmente llamado cuasidinero o en las transacciones digitales, según lo visto hasta ahora.
Algunos historiadores de la economía han destacado como en la Inglaterra de inicios del siglo XIX, ante la escasez de efectivo, las empresas le pagaban a sus trabajadores por grupos y estos gastaban los dineros en las propias tiendas de las aquellas, pudiendo así pagarle a otros grupos de trabajadores. En los escenarios hiperinflacionarios vividos en América Latina, como el caso boliviano, se han sellado billetes y remarcado su valor, dada la velocidad de la inflación. La primera es una solución para sociedades del capitalismo temprano y, la segunda, puede desordenar más los propios escenarios de hiperinflación (y esta hay que acabarla con adecuadas políticas, no se acaba sola)[1].
De cualquier manera, el que haya mucho o poco efectivo –como en la actualidad venezolana- remite, primeramente, a los desempeños institucionales del BCV o de la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (Sudeban), según suministros, facilidades o restricciones que deriven de sus políticas o su desatención de la economía, en sus variables macroeconómicas o monetarias, según los casos. La misma emisión de billetes cuando se convierte enmonetización del déficit o el alto gasto público al que por razones de populismo o demagogia puedan recurrir gobiernos, forma parte de las responsabilidades o los desatinos en las políticas económicas.
Y lo agudo de la problemática económica actual es que eso está en la base de que con 18 o 19 millones de $ se pudiese solucionar la escasez del efectivo[2] o lo que se piensa, totalmente valido, de que muy pero muy pronto -al ritmo inflacionario que se tiene- harán falta billetes de 50 o 100.000 bolívares y hasta de mayor denominación.
Y el escenario es realmente dramático y parte de que, los ciudadanos, deben, en momentos, recorrer todo Caracas, porque los cajeros no tienen efectivo –o el que entregan no superan los 10.000 o 15.000 bolívares- o, las taquillas, los días laborales cuando están abiertas, tienen restringido también el monto que entregan. Queda la opción del dinero digital en cuanto a puntos de venta, transferencia y otras modalidades. Pero no todas las casas comerciales e incluso sitios de distracción tienen numeroso puntos de venta (son costosos o no están disponibles tan fácilmente), otros los tienen en mal estado y los numerosos oferentes informales en algunos casos no disponen de ellos.
Debe señalarse también, viendo otros perfiles y dentro de las paradojas económicas, que ha perdido fuerza la idea de que un porcentaje alto de la población no está bancarizado, puesto que la administración bolivariana con sus políticas sobre pensiones y otros instrumentos le ha dado acceso a las actividad bancaria a grupos sociales que antes no disponían de acceso a la misma.  Pero el acceso a la actividad bancaria no elimina el agudo y violento proceso de desvalorización del dinero.
Nuestra desvalorización o perdida de la capacidad de compra de la moneda, remite al cristiano proceso donde el billete de 20.000 no alcanza para comprar algunos productos muy normales en el consumo diario de una familia (un quilo de queso o carne o un cartón de huevos). Por su parte, las restricciones en el suministro del efectivo están bien graficadas en las veces que una persona debe ir al banco para retirar dinero para comprar comida o retirar su pensión.
Se le adiciona una especie de preferencia por la liquidez, que los ciudadanos, en la crisis actual, pasan a tener en cuanto a querer disponer de dinero por la propia posibilidad de requerir más dinero ante la agudización de la crisis o por una mezcla  intensa del motivo precaucionario y transaccional para un escenario donde además, muchos bienes han pasado a tener una curva de  demanda de pendiente positiva convirtiéndose en Bienes Giffen[3]. Esto es, ante los posibles y muy factibles aumentos de precios de nuestro contexto hiperinflacionario, se demandan más.
Así las cosas, el déficit de efectivo o billetes ha ido aumentando pues el efectivo mismo (llamado tradicionalmente M1) solo está representando un 7,5 u 8% de la liquidez monetaria (llamada tradicionalmente M2), cuando había representado entre 10 y 13%. Los billetes nuevos son insuficientes por número y por capacidad de compra y, en los viejos, el más representativo, el de 100 bolívares, y que ha dado pie a políticas, actos de gobierno, historias, leyendas urbanas y de otro tipo,  es poco representativo.
A pesar de ello, por las desatenciones de la economía que tiene la administración en curso, tal billete de 100 bolívares, sigue existiendo y representado un 26 % del circulante.
Cuatro elementos, entre otros, son fundamentales para enmarcar este agudo problema de la moneda en la Venezuela Actual. Primero, el contexto inflacionario y ya hiperinflacionario en la dinámica de los precios y en la actitud de los agentes económicos[4].
Segundo la ya señalada y estrictamente vinculada con lo anterior, desvalorización y pérdida de capacidad de compra del bolívar.
Tercero, las políticas de gasto público y de monetización del déficit que además de los efectos en la liquidez monetaria han desatendido la disponibilidad del efectivo (por lo menos un año se tiene de pronunciamientos públicos de la administración sobre regularizar el nuevo cono monetario).
Cuarto, la manifiesta distorsión de salarios y precios relativos que han creado un escenario realmente complejo para cualquier regularización monetaria en cuanto a l efectivo mismo y a su interrelación con los precios relativos.
Más dramático aun, en el escenario hiperinflacionario actual, no se observa que la escasez de efectivo disminuya, sino que, todo lo 

Damián Genatios



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